Relatos

Sobre el heteropatriarcado en la impro

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«La improvisación teatral es una técnica escénica que permite contar historias que se generan y desarrollan en el momento mismo de actuarlas. Esta forma de teatro se presenta en la actualidad no como un ejercicio de formación para los actores, sino como un producto terminado, en el que los actores y el público – que participa dando sugerencias sobre situaciones, personajes, lugares, etc. en los que se desenvuelve la acción – van «descubriendo» la trama de la historia que cobra
vida en el escenario.»

Mi andadura en la impro comenzó en enero del 2012 y dos años después ya formaba parte de varias compañías. He actuado en colegios, institutos, academias, empresas, congresos y teatros. Es una actividad que le recomiendo a todo el mundo porque te mantiene alerta, te ancla al presente, te obliga a escuchar de verdad, a adaptarte a lo inesperado y a trabajar en equipo. Como cualquier proceso de creación te ayuda a aprender más sobre ti mismx y si prestas la debida atención, es posible que incluso acabes detectando patrones que reproduces inconscientemente. Patrones que se repiten también en tus compañerxs.

A través del feminismo, pude poner nombre a todos ellos. Mi perspectiva de la vida cambió bastante, empecé a cuestionarme muchísimas más cosas y eso afectó también a mi forma de ver la impro e improvisar. De hecho, la improvisación teatral me parece el medio perfecto para analizar las conductas machistas, racistas y LGTBfobas del subconsciente porque cuando somos libres es cuando nos damos cuenta de lo poco libre que es nuestro pensamiento en realidad.

Ahora no se me ocurriría poner en duda la obvia sobrerrepresentación de los hombres cis blancos heterosexuales en todo, y la improvisación no es una excepción. Tan sólo encontrar una compañía con un número igualitario de hombres y mujeres en España es ya un auténtico reto. Es más, en la mayoría de los casos, como se aprecia en los pósters no suele haber más de una por espectáculo. – Lo que Anita Sarkeesian (Feminist Frequency en YouTube) llamaría el principio de la Pitufina, la práctica de colocar a un único personaje femenino en medio de un elenco masculino, estableciendo lo masculino como norma y lo femenino como la excepción. –

Curiosamente, como alumno de impro, siempre tuve más compañeras que compañeros en clase, así que no es una cuestión de falta de mujeres improvisadoras y es que, además, esa carencia repercute directamente en la imposibilidad de representar historias de amor lésbicas. Puesto que son pocas las mujeres que coinciden sobre el escenario, aún menos las que tienen escenas juntas y todavía menos las que tienen ocasión de interpretar a dos amantes. En los pocos casos en los que sale una obra con un elenco exclusivamente femenino siempre suele ir acompañado de un eslogan tipo “De mujeres para mujeres”, perpetuando la idea de que los hombres pueden protagonizar historias universales que pueden interesar al gran público y ellas sólo aquellas en las que el conflicto viene dado por su género. Es algo que arrastramos desde la infancia. La mitad de los dibujos femeninos no tenían entidad propia, sino que eran copias de otros masculinos ya preestablecidos. Maquillaje, tacones, falda, un lacito y listo: Mickey > Minnie, Superman > Supergirl, Pacman > Miss Pacman. – Anita las llama Ms. Male characters y encuentra su origen en la historia bíblica de Eva, creada a partir de Adán. –

Lo mismo ocurre con la comunidad LGTBIQ+ y su falta de referentes sólidos en cuentos, dibujos, cómics, videojuegos o películas. Un niñx LGTB está obligado a buscar referentes en personajes cis heterosexuales mientras que a unx cis hetero tampoco se le concede la oportunidad de conocer e identificarse con personajes LGTB. Entre lxs niñxs blancxs y lxs racializadxs, igual. La comunidad negra no ha tenido una superproducción protagonizada por un héroe con el color de su piel hasta hace un año. Pues lamentablemente, en la impro ni siquiera puedo hablar de los y las compañeras racializadas porque no existe ninguna compañía conocida en todo el país que cuente con ellxs.

Respecto a cómo son representadas las personas-no-hombre- cis-hetero-blancas en las impros, simplemente se reproducen los patrones heteropatriarcales. Casi siempre se asume que un personaje con trabajo de cuidados debe corresponder al género femenino, por ejemplo. El caso más reciente lo presencié durante un entrenamiento (la impro se entrena, no se ensaya): Había un improvisador en escena representando a un adolescente y otro que desde fuera decidió ser la voz en off de la persona a su cargo. En lugar de utilizar su propia voz y sugerir una figura masculina, eligió afeminar el tono y hacerlo más agudo para sugerir el rol de una madre. El improvisador en escena podía haber interpretado que la voz era de un padre afeminado, o de uno gay, que no es lo mismo necesariamente; pero tampoco. Entendió exactamente lo que el compañero había pretendido: Una mujer interpretada por un hombre.

Y es que cualquier consumidor o consumidora habitual de impro se habrá dado cuenta de que las mujeres apenas se permiten interpretar a hombres, pero que sí hay muchos hombres que interpretan a mujeres. Influirá el hecho de que a ellas no se las autorizase la incorporación al oficio teatral hasta 1587. Durante siglos ellos se acostumbraron a disfrazarse y hacer del sexo opuesto y supongo que cuando ellas se subieron finalmente al escenario cuanto se les pidió fue que se interpretasen a sí mismas, pero ya va siendo hora de superarlo.

No estoy diciendo con esto que de vez en cuando un hombre no pueda interpretar a una mujer y viceversa. Ahora bien, si lo hacemos deberíamos recordar que la feminidad no es una característica imprescindible de las mujeres y exigirnos representarlas en toda su complejidad, evitando la agotadora repetición de estereotipos tales como la chica sexy y tonta, la suegra malhumorada o la graciosa limpiadora.

Con la comunidad LGTBIQ+ es lo mismo. En mi compañía actual saqué el tema hace un año. Les dije que al principio había intentado hacer pocos personajes gays, supongo que porque no quería encasillarme en personajes con mi misma sexualidad, hasta que me había dado cuenta de que eran mis compañeros heterosexuales los que estaban cómodamente encasillados en personajes con su misma sexualidad. El que yo decidiera ser heterosexual dejaba las funciones siempre sin representación a la comunidad LGTBIQ+ y las raras veces en las que se atrevían, el conflicto de sus historias solía derivar de su sexualidad: Descubrimiento, negación, padres que no lo saben… Les dije que éramos actores porque queríamos interpretar otras vidas y que yo estaba condenado a hacer siempre de gay mientras ellos se empeñasen en hacer siempre de heteros.

Desde entonces, la situación ha ido cambiando poco a poco. A veces surgen historias LGTB creativas sin necesidad de ser iniciadas por mí, hay compañeras que se animan a corregir actitudes machistas in situ, estamos buscando nuevas incorporaciones que representen otras realidades… Diría que hemos alcanzado un ambiente favorable en el que todos, todas y todes nos sentimos cómodas cuestionando y siendo cuestionadas, pero desde luego aún queda un largo camino por recorrer.

Autor:

Jurgi Erquicia

 

1 comentario en “Sobre el heteropatriarcado en la impro”

  1. Ojala dieran charlas en pueblos pequeños como Peñaflor o palma del río y se puede erradicar la lgtbfobia desde las aulas para que nadie se sienta discriminadx. Lo peor es que en bachillerato, donde supuestamente tenemos más raciocinio es la etapa donde más homofóbicos encuentro

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