Introyección y discriminaciones (III):la construcción “cinetífica” de las discriminaciones

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

El mundo de la construcción “científica” de las discriminaciones

La concepción religiosa del mundo fue cambiando a partir del Renacimiento, dando más espacio a la razón. Sin embargo, si el dogma católico fue cuestionado por la Reforma, si poco a poco la razón fue ganando terreno frente al dogma, sería ingenuo creer que el “pensamiento científico” emergente no tuviera en cuenta en absoluto las ideas de la sociedad que lo vio nacer. Por eso, la relación de fuerzas que perjudicaba a la mujer y a los no blancos se mantuvo, y sus efectos se multiplicaron por las exigencias de la colonización del mundo que emprendió Europa, como veremos a continuación.

La represión de la sodomía vigente desde el siglo XIII cambió porque el concepto de sodomía que hasta entonces involucraba a todo el sexo no procreativo, se fue restringiendo al coito anal, con independencia del sexo de los intervinientes. Sin embargo, todavía no existía la idea de que había un tipo de personas asociadas a esta práctica, sino que la sodomía era vista como una tentación para cualquiera.

La construcción “científica” de la mujer como inferior al hombre.

La medicina antigua postulaba que las personas teníamos un sólo sexo, y que la diferencia radicaba en la disposición de las partes. Así lo fijó Galeno en el s. II DC. Las mujeres, por tener menos calor vital, tenían dentro del cuerpo, lo que los hombres tenían fuera, por ejemplo, la vagina era un pene interior, el útero equivalía al escroto, etc.  Asimismo, se creía que el goce femenino era indispensable para que se produjera la fecundación. Esta visión siguió vigente hasta el siglo XVII.

Esta igualdad de los órganos no impidió la desigualdad de derechos, etc. dado que una similar anatomía, se acompañó de una diferente fisiología. Se postuló que las mujeres tenían un temperamento más frío que los varones y por eso quedaron asociadas a seres inacabados e impotentes.

Desde fines del medioevo, lo que en la Antigüedad se había atribuido al útero, pasó a ser atribuido al demonio, pues al creer que las mujeres eran más vulnerables –como Eva-, las tuvieron por objetivo privilegiado de las fuerzas ocultas. La represión de las mujeres se ejerció mediante la caza de brujas, ejecutándolas por miles tras juicios inquisitoriales entre 1324 y 1787, fechas de la primera y última ejecución, respectivamente[ii]. Federici[iii] señala que el sometimiento creciente de las mujeres está en relación directa con las necesidades de repoblación europea para compensar los efectos de la peste negra y de la emigración a las colonias. En Francia e Inglaterra se estableció la obligatoriedad de declarar los embarazos, y en general, los estados europeos quebraron el monopolio del conocimiento que tenían las mujeres sobre la anticoncepción y los alumbramientos, llevando ese conocimiento a los médicos.

El siglo XVIII fue el del fin del Antiguo Régimen en Francia, donde la burguesía remplazó a la nobleza en el ejercicio del poder político. Inglaterra ya se regía entonces por una monarquía parlamentaria pues tras ejecutar a su rey en 1649, la restauración de la monarquía se realizó con ciertas condiciones. En ninguno de los dos estados esto se tradujo en sufragio universal. Aunque el derecho al voto de los hombres se fue ampliando a lo largo del siglo XIX, las mujeres quedaron excluidas, y sólo pudieron votar en Europa a partir del siglo XX[iv].

Una de las credenciales burguesas fue la supuesta moral de sus miembros, en oposición a la corrupción de las costumbres atribuida a los aristócratas en el poder con el Antiguo Régimen. En los hechos, el tránsito se acompañó de la sustitución de la religión por la medicina como guía de conducta. Para ello creó un nuevo saber, la sexualidad, al que se supuso conducido por la razón, y que vino a fundamentar la “moral victoriana” a la que me referiré luego. Foucault, denominó a esta construcción el “régimen de sexualidad” [v], del que me interesa destacar que era un sistema binario, con dos sexos diferentes y complementarios, no se podía pertenecer a los dos o a ninguno de ellos. En esta teoría, el sexo determinaba lo que hoy llamamos género, es decir, lo biológico era causa de lo cultural. Uno de sus corolarios fue destinar las mujeres a la reproducción, y reservar a los hombres para la producción.

Debemos tener presente que en 1859 Darwin publicó “El origen de las especies”, lo que influyó en la necesidad de diferenciar la conducta de los burgueses de la de los primates. La consagración del mito del amor romántico se afianza en ese contexto, hay una mujer ideal para cada hombre, y en aras de ese amor, todo debe soportarse, etc. Aun estamos recogiendo frutos de esta idea en la violencia de género. Debajo del modelo ideal, las sexualidades de los inferiorizados fueron tenidas por menos evolucionadas o por degeneradas.

Ya en tiempos de la caza de brujas, algunos médicos “asesoraron” a las autoridades religiosas para distinguir los síntomas de las auténticas dolencias, de los de la “posesión diabólica”. Desde entonces se fue estableciendo el corpus de las enfermedades propias de las mujeres, con la histeria como el principal de sus males. Sin embargo, la realidad mostraba que también había mujeres voluptuosas, lo que cuestionaba la supuesta “frialdad” que se atribuía a todo el género. La “solución” fue atribuir a ese calor la razón principal de su supuesta esterilidad, dado que secaría el esperma. Eso las dejaba fuera de la feminidad. Pero muy aptas para la prostitución: la disociación entre Eva y María reaparecía de este modo. Así, el temperamento trazó una frontera entre sexualidad reproductiva y no reproductiva.

En el s. XVIII, los médicos describieron una nueva enfermedad femenina, la ninfomanía o furor uterino o histeria libidinosa: decían que estas mujeres dejaban a sus maridos para irse con sus amantes, y tenían un temperamento muy cálido, como el de las negras, ya que este mal predominaba en los países de clima cálido, como narraron Herodoto y Estrabón en la Antigüedad, y León el Africano en el s. XVI. Éste lo atribuía a un clítoris muy desarrollado, por eso decía que era frecuente su escisión en aquellos países.

Los médicos no se pusieron de acuerdo en si la masturbación era causa o efecto de la ninfomanía, pero destacaron en las ninfómanas su sexualidad e inmoralidad.  Cuando describen a las mujeres de los países cálidos, con ojos oscuros, senos firmes y bien proporcionados, anchas caderas, etc., muestran el contramodelo de la mujer emergente europea: vaporosa y encorsetada, que esconde su silueta y evita el sol dada su fragilidad.

La medicina consiguió que la sexualidad femenina fuera vista de tal manera, que lo que era natural en África, fuera enfermizo en Europa. Lo logró atribuyendo la hipertrofia del clítoris a prácticas licenciosas o a afecciones mórbidas en Europa, en tanto que la consideró una especificidad antropológica de las africanas. La mayoría de los médicos del s. XVIII atribuyeron al placer que da la masturbación femenina, el poder de hacer crecer el clítoris, que además tenía el peligro de alejar a las mujeres del embarazo[vi].

A estos cambios debemos agregar la creciente diferenciación sexual, observable en el vocabulario -testículo se usó desde entonces sólo para las gónadas masculinas-, y en el descubrimiento de que las mujeres no necesitaban del placer sexual para procrear: en 1770 una perra fue “inseminada” con una jeringa, y en 1820 se abandonaron las ideas jurídicas que decían que si tras una violación la mujer quedaba embarazada era porque había consentido.

Con estos materiales se construyó la moral victoriana, que refleja el dominio que los hombres europeos tenían del poder político. Muchembled[vii] señala que los médicos preconizaban la moderación en las relaciones conyugales, que debían interrumpirse durante la lactancia y las menstruaciones. El Dr. Acton asegura que la buena esposa “se somete a los abrazos de su marido, pero principalmente para gratificarlo, y de no ser por el deseo de ser madres preferirían, con mucho, verse libres de sus atenciones”. Esto es debido a que “la mayoría de las mujeres (para fortuna de la sociedad) no están demasiado preocupadas por sentimientos sexuales de ninguna clase”[viii], ya que “el amor a la casa, los niños y los deberes domésticos son las únicas pasiones que ellas sienten”, por eso lo ideal es que conciban cada dos años.

Es decir que la sexualidad es totalmente diferente para hombres y mujeres. Para la mujer, el coito se realizaría dentro del matrimonio, sin excluir la posibilidad de procrear, con el hombre sobre la mujer situados de frente. Junto con ese ideal, se reconocía que las necesidades del hombre eran mayores y se contemplaba su posibilidad de acceso a encuentros extramaritales. Por supuesto, las esposas no tenían ningún derecho al goce sexual fuera del matrimonio. La legislación inglesa de 1857 estableció que la infidelidad de la mujer era causa de separación, en cambio, la del esposo, sólo si se acompañaba de otro delito o de incesto.

La “Psicopatía sexual” de Krafft-Ebing (1886) afirmaba que el hombre podía encontrar satisfacción por doquier, mientras que la mujer estaba ligada a un solo hombre[ix]. La sexología de entonces separaba para el hombre la procreación del placer, en tanto que en las mujeres diferenciaba a la esposa virtuosa de la prostituta libidinosa. Esta obra exponía más de 200 casos ilustrando la patología sexual de los protagonistas. Las primeras ediciones usaban el latín para describir las prácticas y el libro sólo podía ser vendido a médicos y jueces. Incluía desde las historias de Jack el destripador hasta los más variados fetichismos, como el sentido por los guantes de niño o los pañuelos de puntillas. Di Segni[x] explica como este autor describe el “verdadero amor”, basado en el conocimiento de las cualidades morales de la persona amada, que además del goce, se prepara para soportar sufrimientos y sacrificios por el ser amado. Esto incluye el deseo sexual dirigido a una sola persona de otro sexo, capaz de mantener relaciones sexuales. “Otro criterio del amor verdadero es éste: el acto sexual debe procurar absolutamente una satisfacción moral”[xi]. Krafft-Ebing justificaba la pena diferencial al adulterio femenino porque ponía en juego el honor de la familia, el del jefe de familia y la propia paternidad.

Otro aspecto de la moral victoriana fue la lucha contra la masturbación, que no parece tener límites entre las clases acomodadas, ya que los médicos advertían hasta fines del siglo XIX de que podía llevar a demencia e incluso a la homosexualidad. Propusieron atar las manos del paciente a los barrotes de la cama durante la noche, hay aparatos que aprisionan a los genitales para impedir apoyar la mano sobre ellos, también se preconizaron vendas, cinturones y calzones, guantes de metal con espinas en la cara interna, e incluso hay testimonios de un médico: “durante un año entero, a pesar de las súplicas de un joven enfermo, he mantenido en el canal de la uretra, mediante cauterizaciones repetidas, una irritación bastante dolorosa para que cualquier contacto resulte imposible[xii].

El pudor era vital, a una mujer virtuosa le repugnaría desnudarse frente a su marido, hablar de sexo era un signo de mala educación, el beso en la boca, un escándalo. El sexo era tabú, y frente a tantas tensiones, las principales vías de liberación pasaban por la pornografía -para pocos-, y el recurso a las prostitutas y las amantes. La represión global ayudó a la progresión de la flagelación, el sadismo, el masoquismo y otras alternativas.

Luego veremos el rol de la homosexualidad en este conjunto, pero adelantamos que la falta de energía sexual que se atribuyó a las mujeres contribuyó a la ignorancia sobre el lesbianismo. Ocurre que por un lado, las mujeres europeas fueron excluidas de la esfera de la sexualidad: su deseo y placer quedaron ligados a la pasividad, su cuerpo no tenía potencia. Por ello, las ninfómanas no fueron un problema moral, sino médico, e incluso quirúrgico, cuando se preconizaba la ablación de los labios -sea por infección o por su tamaño desmesurado-, o incluso de ambos ovarios. Y, por otro lado, las africanas vieron como se les atribuyeron unas especificidades anatómicas, de temperamento y de moral, primero como algo patológico, y luego como algo característico de lo que llamarán “raza”. Se produjo una bestialización progresiva de las mujeres negras y una deserotización del cuerpo negro.

Junto a la subordinación de la mujer, se elaboró un concepto de salud femenino, centrado en la maternidad. El cambio fue profundo porque todavía en el s. XVII, el embarazo era definido como una de las enfermedades más peligrosas, incluso hay quien consideraba que las mujeres estériles eran más alegres y quedaban jóvenes más tiempo[xiii]. Lo cierto es que desde mediados del siglo XVIII la literatura incluyó cursos de parto y se vio a éste y al embarazo como signos de salud, no ya como causa de enfermedades. En paralelo, se produjo un remplazo paulatino de las matronas por los médicos en la asistencia al parto, estos preconizaron la lactancia materna en contra de la costumbre de encargarla a una nodriza, atribuyendo a la leche el poder de transmitir el temperamento y caracteres hereditarios.

No fueron sólo la medicina y el derecho los que diferenciaron a la mujer del hombre para ubicarla en una posición inferior, veamos algunos aportes desde la antropología física. En ella descolló Paul Broca (1824-1880) profesor en la facultad de Medicina de París, midiendo cráneos y estableciendo comparaciones entre cerebros de hombres y mujeres que le permitieron afirmar que el tamaño del cerebro del hombre era mayor que el de la mujer, y que esa diferencia se acrecentaba en la evolución de la especie. Lo que no hizo fue medir el efecto del tamaño porque ya tenía su conclusión: “las mujeres [son], en promedio, un poquito más tontas que los hombres, diferencia que no hay que exagerar pero que de todas maneras es real[xiv].” Después, su discípulo Gustavo Le Bon escribió: “Todos los psicólogos que han estudiado la inteligencia de las mujeres (…) reconocen que ellas representan las formas más inferiores de la evolución humana y que están más próximas a los niños y a los salvajes que al hombre adulto civilizado. (…) El día en que, sin comprender las ocupaciones inferiores que la naturaleza les ha asignado, las mujeres abandonen el hogar y tomen parte en nuestras batallas; ese día se pondrá en marcha una revolución social y todo lo que sustenta los sagrados lazos de la familia desaparecerá[xv]. G. Herve, llegó en 1881 a esta conclusión: “Los varones de raza negra tienen un cerebro un poco más pesado que el de las mujeres blancas[xvi] Luego veremos como se justificó el racismo propiamente dicho en el siglo XIX, pero cabe señalar el modo en que esta visión de la mujer estuvo al servicio del hombre, encuadrado en la “moral victoriana” que encontró Freud en su tiempo[xvii].

[ii] Holland, Jack: “Una breve historia de la misoginia”. México. Océano. 2010. Pág. 102-114.

[iii] Federici, Sivia: “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”. Madrid. Traficantes de sueños, 2014. Capítulo 2.

[iv] El primer estado que concedió el sufragio femenino fue Wyoming en 1869. Nueva Zelanda lo hizo en 1893, Dinamarca en 1915. Rusia, en 1917. El Reino Unido dio el voto a las mayores de 30 años en 1918, bajando la edad a 21 años en 1928. Zuiza en 1971. Véase Holland, Jack: Ob. Cit. Págs. 165 y 171.

[v] Sobre el surgimiento de la ciencia sexual en Occidente, véase Michel Foucault: “Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber”. México. Siglo XXI. 1977.

[vi] Dorlin, Elsa: “La matrice de la race. Généalogie sexuelle et coloniale de la Nation française”. Paris´La Découverte. 2009. Véanse página 77 y subsiguientes.

[vii] Muchembled, Robert: “El orgasmo y Occidente. Una historia del placer desde el siglo XVI a nuestros días”. Buenos Aires. FCE. 2008. Páginas 240 y subsiguientes.

[viii] Holland, Jack: Ob. Cit. Página 155.

[ix] Citado por Muchembled, Robert: Ob. Cit. Página 251.

[x] Di Segni, Silvia: “Sexualidades”. Buenos Aires. FCE. 2013. Páginas72 y ss.

[xi] Krafft-Ebing, Richard: “Psychopathia sexualis” edición de 1895, página 19, citado por Di Segni. Ob. Cit. Pág.75.

[xii] Stengers, Jean, y Anne van Neck: “Histoire d’une grande peur, la masturbation”, citado por Muchembled, Robert: Ob. Cit. Pág. 264.

[xiii] Elsa Dorlin, Ob. cit. Página 111.

[xiv] Citado por Jurgen Kriz “Corrientes fundamentales en psicoterapia”. Buenos Aires. Amorrortu. 2001. Página 24. Véase también en Gould S. J.: “El cerebro de las mujeres”, una crítica de los trabajos de Broca http://www.unsam.edu.ar/escuelas/ciencia/docs/Gould%20El%20cerebro%20de%20las%20mujeres.pdf

[xv] Gould, S. J.: Ob. Cit. Véase también Kriz, J.: Ob. Cit. Páginas 24-25.

[xvi] Idem.

[xvii] “Feminismos: debates teóricos contemporáneos”, de Elena Beltrán, Virginia Maquieira (eds.). Madrid, Alianza, 2005, ofrece una muy buena síntesis de las resistencias a la discriminación de las mujeres.

Introyección y discriminaciones (II):los fundamentos bíblicos y su integración en el mundo grecorromano

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

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Introyección y discriminaciones (I): La geometría variable de las discriminaciones

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Los procesos de Galileo se vuelven a HacerOír

Por Carlos Javier Sarmiento, voluntario de Educación-COGAM

Por cuanto tú, Galileo … fuiste denunciado, en 1615, a este Santo Oficio, y vosotros APA, OMS y demás instituciones inclusive gubernamentales e individualidades científicas y otros organismos activistas por la diversidad sexual y de identidad de género, … fuiste/is Denunciado/s por medio de la publicación “¿Sabes lo que quieren enseñarle a tu hijo en el colegio? Las leyes de adoctrinamiento sexual” y el bus de Hazte.Oír … por – como lo hiciera Galileo en su día -, sostener como verdadera una falsa doctrina enseñada por muchos, a saber: que el Sol está inmóvil en el centro del mundo y que la Tierra se mueve y posee también un movimiento diurno, cuyo equivalente actual es que vosotras afirmáis que hay niñas con pene y niños con vulva; así como por tener discípulos a quienes instruís en las mismas ideas; así como por mantener correspondencia sobre el mismo tema …; … esta suprema universal Inquisición, califica las dos proposiciones de la estabilidad del Sol y del movimiento de la Tierra, … como sigue:

  1. La proposición de ser el Sol el centro del mundo e inmóvil en su sitio es absurda, filosóficamente falsa y formalmente herética … Y lo mismo es equivalente a que hay niñas con pene y niños con vulva
  2. La proposición de no ser la Tierra el centro del mundo, ni inmóvil, sino que se mueve, y también con un movimiento diurno, es también absurda, filosóficamente falsa y, teológicamente considerada, por lo menos, errónea en la fe. Lo cual viene a ser lo mismo que la heterosexualidad no sea el centro inmóvil de la sexualidad, que la identidad de género no sea fija en machos y hembras y afirméis que está en movimiento durante el desarrollo de la persona: absurdo, falso y erróneo.”

Cita casi literal de la Sentencia de la Inquisición a Galileo

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Imagen desde http://rownak.com (CC) ©

Cuando escucho al vocero y presidente de HazteOir argumentar a favor de la iniciativa del autobús que ha movilizado recientemente su organización por las calles de Madrid, entiendo, por sus argumentos, que ni él ni las personas que le apoyan pueden concebir que el determinismo biológico como eje de la identidad de género es un tema problematizado por las academias y las organizaciones científicas, de lo cual se están haciendo eco algunos entes gubernamentales en el mundo entero, asumiendo que todas las afirmaciones sobre identidad, sexo biológico y género están ampliándose y en discusión. Veo que Arsuaga Rato y su asociación no pueden seguir el ritmo de los nuevos tiempos y replantearse cambios parciales de la educación que recibimos por parte de instituciones que, ciertamente nos habían explicado el mundo desde un lugar de autoridad, el mismo lugar desde el que hoy y como siempre quieren enseñarnos la revisión de sus leyes y categorizaciones. Aunque muchas veces lo parezca, el universo científico no es obtuso per se.

Creo que padres y madres, en el ámbito doméstico, pueden educar a su progenie en virtud de los valores, principios y creencias que practiquen de modo particular y bajo el amparo de los derechos fundamentales de libertad de pensamiento y credo que da la democracia. Tienen derecho a emprender la lucha que consideren oportuna, como lo hemos hecho las personas que pertenecemos al colectivo de la diversidad sexual y de identidad de género, quienes hemos planteado vindicaciones durante siglos. Lo que carece de rasgos democráticos es imponer esos principios por encima de otros y pretender que las políticas de educación ignoren en la elaboración de sus proyectos curriculares los avances e investigaciones que atañan a las materias que fuere.

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Tutorías LGBT y Alianzas X la Diversidad

Por Daniel Romero, coordinador del grupo de Educación-COGAM

      La labor de los colectivos LGBTI+ en las aulas es muy importante para plantar la semilla del respeto y la empatía, para despertar el interés por la diversidad en el alumnado. Llegamos con nuestros talleres sobre diversidad afectivo-sexual, revolucionamos sus ideas sobre identidad de género, amor o sexualidad, les abrimos los ojos frente al acoso LGBTIfóbico, frente al machismo, frente a la discriminación. Durante unos días est@s alumn@s se convierten en expertos en género, en adalides de la diversidad sexual. Sin embargo, todo este entusiasmo se va diluyendo con el paso del tiempo, se ve arrastrado por la rutina diaria de estudios, amoríos adolescentes y vida social. Así que, cuando COGAM, SOMOS, Arcópoli, LAMBDA o cualquier otro colectivo que imparte talleres contra la LGBTfobia se va, ¿cómo podemos lograr que nuestra labor no acabe en un cajón polvoriento de la memoria de est@s chavales?

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El respeto, las bofetadas y chistes de acoso

José Vela, uno de los miembros más activos del grupo de Educación, escribía hace un par de días este artículo (que reproducimos íntegro) en el diario digital BEZ al respecto de la falta de respeto, empatía y, en conjunto, ausencia de valores que, a veces, nos encontramos en las aulas:

Desde el grupo de Educación del Colectivo COGAM, entre otras actividades, formamos a las futuras y futuros dinamizadores que impartirán talleres de prevención de LGBT-fobia. Hace tiempo que nos dimos cuenta de que lo más importante, el valor fundamental en el que se fundamenta cualquier taller de prevención o de intervención, es la empatía y el respeto. Mi amigo y compañero Dani nos recordaba en una formación cómo, en muchas ocasiones, los talleres no pueden cubrir todos sus objetivos porque encontramos que nos falta la base esencial. En algunos centros la carencia trabajo en valores es preocupante. No se puede trabajar el respeto al otro, al diferente, si no se han transmitido unos mínimos valores de respeto y, sobre todo, de empatía a lo largo de la escolarización. En estas ocasiones, dedicamos el taller a explicar que las compañeras y compañeros son personas y sienten como cada uno.

¿En qué momento alguien moralmente sano puede pensar que va a tener a la opinión pública de su parte cuando le tomas al pelo a alguien, este te responde con una bofetada, le denuncias y anuncias que esperas que pierda su trabajo gracias a ésta?
Después de años impartiendo talleres adquieres la capacidad de detectar en el alumnado, en minutos, cuándo hay cohesión, respeto, y  capacidad de ponerse en el lugar del otro. Qué siente la otra persona cuando ocurre tal cosa. Este pequeño detalle es la piedra angular del éxito de toda intervención educativa. Desde eliminar el fracaso escolar hasta limpiar de racismo nuestros colegios. Todas dependen de la empatía. Tan importante es que las sucesivas leyes educativas españolas lo han ido recogido en sus articulaciones. La formación integral de la persona se debe trabajar desde primaria pues el aprendizaje en valores es fundamental. La Institución Libre de Enseñanza del año 1876 ya lo recogía.
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Contra el odio, EDUCACIÓN

 En las últimas semanas, ha llegado a los centros educativos de Madrid un documento que señala, acusa y ataca directamente a organizaciones como el Grupo de Educación de COGAM, que desde hace 18 años trabaja para prevenir el acoso escolar LGBTfóbico y la violencia de género.

 Queremos hacer constar que el Grupo de Educación de COGAM rechaza frontalmente ataques falaces y no fundamentados contra la labor educativa que realiza. En nuestras intervenciones trabajamos para construir una sociedad más justa e igualitaria, sin imponer ninguna clase de ideología, vulnerar derechos, desorientar al alumnado, adoctrinar, ni liquidar la libertad de enseñanza. Es más, consideramos muy grave el hecho de que se anime a las familias a solicitar a las Administraciones educativas que no se incluyan contenidos referentes a la diversidad familiar y afectivo sexual, que creemos imprescindibles para paliar la lacra social de la violencia de género y las agresiones por motivos de orientación sexual e identidad de género.

 Desde nuestro Grupo de Educación hemos constatado que esta visión alarmista, intolerante e irrespetuosa es claramente minoritaria, dado el elevadísimo número de institutos de Educación Secundaria y otras entidades que solicitan nuestros talleres, así como la cálida acogida que recibimos por parte de alumnado y profesorado. Nos respalda, asimismo, una legislación sensible a la evolución de la sociedad que pretende, precisamente, que no existan personas de segunda categoría en materia de derechos sociales. Si bien se están tomando las medidas legales necesarias contra esta propaganda reaccionaria, creemos conveniente evitar confrontaciones y falsos debates que den más relevancia de la merecida a esta opinión caduca y minoritaria.

 Por todos estos motivos, las personas que formamos el Grupo de Educación de COGAM seguiremos trabajando, ahora más que nunca, para lograr que la diversidad se entienda como un valor que nos enriquece y para conseguir que en nuestra sociedad todas las personas podamos desarrollarnos plenamente, sin miedos, prejuicios, exclusión o violencia de cualquier índole. Seguiremos trabajando para que, desde nuestras diferencias individuales, construyamos una sociedad que no mire a nadie con desprecio, sino que nos acoja y nos permita vivir en libertad. Os animamos a convertir la indignación en ilusión y a luchar a nuestro lado por esta causa. 

Gracias por vuestro apoyo.

VIHda

Tania Criado

Había calculado con tremendo margen de error el tiempo que necesito para llegar al hospital desde mi nuevo y —ansío esta vez— duradero trabajo, adelantándome en casi dos horas a la cita para la consulta y decidiendo esperar a Lucía tomando un café. Lucía siempre me acompaña a mis revisiones. De pequeño desarrollé un problemático mecanismo de defensa que hace que deje de prestar atención cuando un médico me explica qué me pasa. Aunque nuestro motivo realmente es que buscamos estar siempre juntos.

La reconocí de inmediato o, siendo preciso, reconocí el rostro más triste y ausente que mis ojos hayan captado. Estaba sola en una mesa, como sola estaba en las tres ocasiones que nos cruzamos con ella en la puerta del la Unidad. No me gusta importunar y menos en la cafetería de un hospital, pero la percibía tan desolada que mi instinto de protección me hizo reaccionar en contra de mi prudencia y de formalismos sociales. Aprovechando la ausencia de mesas libres me acerqué a la que ocupaba, preguntándole si podía sentarme. Me respondió con un leve asentimiento de cabeza tras intentar y no conseguir mirarme. Permanecimos un buen rato en absoluto silencio. Sus párpados caídos me permitieron observarla libre de disimulos y notar que en cada segundo transcurrido arrugaba más y más el ceño, contrayendo su rostro en una mueca de irremediable fatalismo y escondiéndose entre un complicado laberinto de brazos y piernas. Saqué dos caramelos de la mochila y le ofrecí uno que rechazó con mudos gestos y prácticamente sin mirarme. No importaba, pues mi propósito no era endulzarle la boca, sino entablar contacto. Volví a abrir la mochila y extraje mi portátil. Lo encendí, busqué un archivo y fijé mi atención en la pantalla como parte de mi estrategia de acercamiento. Pasados unos minutos considerablemente razonables alcé la vista y le solté a bocajarro, para pillarla por sorpresa y evitar que me mandara a hacer puñetas, «Soy fotógrafo y me harías un gran favor si me dieses tu opinión sobre una composición que me trae de cabeza». Objetivo alcanzado: atónita consintió y yo le pasé mi portátil, obligándola a desenmarañar sus rígidas extremidades. Permanecí callado hasta que me lo devolvió con un tímido «es bonito». Perfecto, el hielo estaba roto y ahora tocaban las presentaciones para dar paso a lo bien que había quedado la cafetería después de la reforma que tanta falta le hacía. Ante este último comentario su cuerpo se relajó bruscamente y rompió a llorar. Volví a abrir mi mochila y cogí un pañuelo de papel que le tendí y aceptó entre convulsiones, hipos y unas pupilas cargadas de más dolor que de lágrimas. Era la primera vez que yendo a una de sus revisiones alguien, al margen de la plantilla del centro, hablaba con Laura.

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Presentación investigación 2015

¡Bienvenid@ a la sección de Investigación del Grupo de Educación de COGAM!

Logo Cogam EducacionAquí podrás encontrar toda la información referente a los estudios llevados a cabo por el grupo durante el periodo 2014-2016 (“LGBTfobia en las aulas 2015” y “Ciberacoso 2015”), así como un buen número de recursos (investigaciones previas de COGAM, de la FELGBT y de otros organismos y agrupaciones tanto españolas como internacionales).

También encontrarás una breve descripción de cada uno de los integrantes del grupo de Investigación junto con las tareas que desarrolla, además de una breve historia de COGAM y las labores que el grupo de Educación desempeña dentro de la asociación.

Por último, pero no menos importante, ponemos a tu disposición una serie de enlaces en caso de que quieras denunciar una situación de acoso, violencia o agresión LGBTfóbica.

Muchas gracias por tu interés.

Equipo de COGAM-Investigación

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Se trata de un estudio muy completo, con una extensa muestra y en el que se plantean objetivos claros y cuestiones muy importantes prestando gran atención a los detalles. Recoge una exploración en profundidad del ciber-bullying y la dependencia hacia los medios de comunicación sociales. Los resultados son muy relevantes, ya que es la primera vez que se provee información tan detallada acerca del ciberbullying LGBT-fóbico, lo cual es un valor añadido. Recoge gran cantidad de testimonios y gráficos y se apoya en otras investigaciones sociológicas realizadas sobre el tema lo que resulta en una buena mezcla.” 
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