Introyección y discriminaciones (IV): Racismo y colonialismo

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

Racismo y colonialismo

Hemos visto que a fines del siglo XV ya está en marcha el tráfico de esclavos negros hacia Europa. Con la conquista de América se produjo la muerte de muchísimos indios por los microbios que llevaron los europeos, la alteración de su modo de vida, además de por las guerras.

La colonización española intentó justificarse con el Requerimiento, que consistía en amenazar a los indios para que se sometieran al rey de España y a los conquistadores: debían recibir el Evangelio pacíficamente, y si no aceptaban, serían justamente conquistados, como ocurrió. Fue complementado por la Encomienda, que era la asignación de un número de indígenas a un español para que los evangelizara y se beneficiara de su trabajo “sin esclavizarlos”.

El Requerimiento fue cuestionado entre otros por Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria[i]. Las Casas denunció la esclavitud y los malos tratos a los indios con la coartada de la Encomienda, aunque reconoció el derecho del rey de España. Vitoria reconoció que los europeos tenían derecho a comerciar y a predicar el Evangelio, pero condenó la esclavitud y sostuvo que los indios tenían derecho a vivir libremente en sus tierras, ya que ni el pecado ni la herejía destruían su derecho natural a gobernarse: ni el emperador ni el papa tenían poder sobre los indios ni sus bienes. Simplemente fue ignorado, no se lo castigó. En cambio, Las Casas levantó polémica, la “controversia de Valladolid”, en la que Juan de Sepúlveda intentó demostrar que los indios eran “esclavos por naturaleza”. El papa Paulo III (1537) reconoció que los indios eran “verdaderos hombres”, lo que impedía esclavizarlos, aunque no se pronunció sobre los negros, para su desgracia. En los hechos, aunque la Corona de Castilla promulgó las Leyes Nuevas protegiendo a los indios (1542), en la práctica no se aplicaron, lo que dio origen a una situación dual.

En lo que habían sido los imperios inca y azteca, los indios resultaron más fuertes y siguieron siendo explotados; sin embargo, en el Caribe, los indios sobrevivientes, al venir de una economía de subsistencia, no se adaptaron al trabajo en las plantaciones, por lo que hasta la propia Iglesia fue favorable a la importación de esclavos negros. Aunque Las Casas reconoció en su “Historia de las Indias” que la sustitución de indios por negros no era una buena idea, su obra fue publicada 300 años después de su muerte.

El vacío demográfico fue cubierto entonces con la deportación forzada de unos once millones de africanos a América[ii]. La trata recién fue prohibida a principios del siglo XIX. Debemos recordar que en los siglos XVI y XVII, África no fue colonizada salvo en las zonas costeras meridionales de Angola, Sudáfrica y Mozambique, y que la Iglesia no puso celo en evangelizar a los negros, aunque sí lo intentó por entonces en India, China y Japón. La conquista, colonización y evangelización integral de África recién llegó en el siglo XIX.

Los grandes pensadores del siglo de las Luces como Voltaire, Montesquieu o Diderot no condenaron la esclavitud, ni el Código negro de 1685, que la regulaba en Francia. Sólo Rousseau se opuso. La esclavitud fue abolida en Francia entre 1794 y 1802, y sólo definitivamente con la Segunda República en 1848. En este ámbito, el siglo de las Luces lejos de terminar con las creencias irracionales vio como el racismo era teorizado y sistematizado. Hasta entonces había habido racismos, desde el siglo XVIII existe un racismo que pretende hablar desde la ciencia.

¿Qué había resultado del contacto entre distintas razas en América? Entre los siglos XVI y XVIII, la América española había hecho realidad una mezcla de las razas que allí confluyeron, y dado que el poder lo ejercían los blancos, establecieron una clasificación meticulosa de las mezclas posibles, cuyos primeros subgrupos fueron los mestizos, hijos de blancos e indias; los mulatos, de blancas y negros; y los moriscos, de blancos y negras, entre muchas más[iii]. Esta clasificación aceptaba que un antepasado indio, se borraba en tres generaciones, en cambio, un antepasado negro era imborrable. Este hecho también influyó en la esclavización de los negros, ya que el mero color de la piel se transformó en un indicador de la presunción de esclavitud del portador[iv]. Es oportuno recordar que el término mulato viene de mulo, fruto de la unión de caballo y asno, dos especies distintas, como si las dos razas que lo originaron fueran en realidad dos especies distintas, anticipo de los discursos posteriores. En cambio, en América del Norte la mezcla racial fue menor y la opción predominante fue la segregación.

Si en el Nuevo Mundo el racismo se actuaba, fue en Europa donde las ideas racistas fueron sistematizadas, veamos como.

El primer paso fue fijar el uso de la palabra “raza” vinculada al color de la piel, lo que al parecer, no ocurrió hasta el siglo XVII. Hasta entonces, se la utilizaba en sentido genérico para indicar familia o linaje, o para referirse a los animales domésticos. Entre los muchos estudiosos del tema, Bernier dividió la especie humana en 4 o 5 razas desigualmente desarrolladas: europeos -que pueden incluir a los indios de América-, africanos, asiáticos y lapones. A estos tres últimos los comparó con animales. El inglés Tyson comparó al pigmeo con un mono pequeño, con un mono grande y con el hombre. El francés Maupertuis sostuvo que los negros albinos evidenciaban que ese era el primitivo color de los contemporáneos negros, que había involucionado hacia lo que eran. En esto se basó Buffon para su teoría de la degeneración, por la cual el negro sería un animal, como el mono, en cuanto al lapón, sólo tenía de humano, para él, que reconocía su propia ignominia, sabiéndose abyecto. Para Buffon es el clima el que lleva a la degeneración, cuando no es templado. Kant por su parte, situó a los negros en lo más bajo de la escala humana, sostuvo que las mujeres debían quedar subordinadas a los hombres y que los judíos eran usureros y ladrones. Blumenbach argumentó que la raza blanca era superior a las demás desde el punto de vista estético. Todos estos autores, como creen que la especie humana deriva del mismo origen, son monogenistas. Otros recurrieron a la idea del poligenismo. Atkins postuló que blancos y negros descienden de unos padres de color diferente desde el principio. Voltaire escribió que blancos y negros son de razas diferentes y que los negros eran animales capaces de unirse a monos para engendrar monstruos. Por supuesto que seguían los prejuicios de su tiempo al afirmarlo, aunque eso no impidió a unos pocos, exponer teorías diferentes, como Rousseau o Alexander von Humboldt[v].

Pauw consideró (1768) que los indios de América eran una especie degenerada: al ser imberbes, poco libidinosos y fríos, porque no se atormentaban con el amor. Esto denota su temperamento femenino: los indios eran a los europeos lo que las mujeres a los hombres. Es decir que ellos no degeneraron por el clima sino por su temperamento, al que veía como inferior al europeo, como evidenciaba que los indios fueran diezmados por las epidemias, sin tener en cuenta que la conquista cambiaba sus condiciones de vida. Poco después, esa vulnerabilidad de los indios será usada para argumentar que llevaban poco tiempo en América, por lo que si los europeos se adaptaban mejor, eran los llamados a ocuparla[vi].

El resultado fue que en el siglo XIX se creía que había razas “superiores” como la blanca y otras “inferiores” de color más oscuro predestinadas a obedecer a los europeos. No es casual que estas ideas se afianzaran con el auge del colonialismo, cuando las potencias europeas se repartieron África, Oceanía y buena parte de Asia.

El primer libro dedicado enteramente a sistematizar una teoría racista fue el “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas”, del “conde” de Gobineau, en el que sostuvo que al mezclarse blancos y negros, los blancos tomaron de los negros su aptitud a sentir (sensaciones, sentimientos, sensualidad) que eran superiores en ellos, pero pasado ese momento inicial, la raza blanca sólo podía pervertir su propia sangre en su mezcla con la raza negra, yendo hacia su degeneración, mientras la raza negra se mejoraría con la mezcla. A su vez, dentro de la raza blanca, estableció la jerarquía de la familia caucásica por encima de la semítica, y dentro de la primera, a situar a los arios por sobre los celtas y eslavos. Esto no impidió que postulase que Francia y Alemania estaban en una decadencia irreversible dada la mezcla de la aristocracia con la burguesía, lo que daba lugar a una raza “mestiza”[vii].

[i] Véase Pierre Chaunu: “Conquista y explotación de los nuevos mundos”. Labor, Barcelona. 1973. Pág. 244-255.

[ii] Delacampagne, Christian: “Une histoire du racisme”. Librairie Général Française. Paris 2000. Pág. 126. Ver también Mannix, Daniel y M. Cowley: “Historia de la trata de negros”. Madrid. Alianza 1968.

[iii] Por ejemplo, de blanco y morisca, albino; de blanco y albina, torna atrás; de blanco y mestizo, castizo; de blanco y castizo, blanco; de indio y torna atrás, lobo; de lobo e india, zambaigo; de zambaigo e india, cambujo; de cambujo y mulata, albarazado; de mestizo e indio, coyote, etc.

[iv] De Fontette, François: “Le racisme”. Paris. P.U.F. 7º edición, 1992. Pág. 38.

[v] Delacampagne, Christian: Ob. Cit. Pág. 142-153

[vi] Dorlin, Elsa: Ob. Cit. Pág. 221-228.

[vii] Delacampagne, Christian: Ob. Cit. Pág. 159-167.

Introyección y discriminaciones (III):la construcción “cinetífica” de las discriminaciones

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

El mundo de la construcción “científica” de las discriminaciones

La concepción religiosa del mundo fue cambiando a partir del Renacimiento, dando más espacio a la razón. Sin embargo, si el dogma católico fue cuestionado por la Reforma, si poco a poco la razón fue ganando terreno frente al dogma, sería ingenuo creer que el “pensamiento científico” emergente no tuviera en cuenta en absoluto las ideas de la sociedad que lo vio nacer. Por eso, la relación de fuerzas que perjudicaba a la mujer y a los no blancos se mantuvo, y sus efectos se multiplicaron por las exigencias de la colonización del mundo que emprendió Europa, como veremos a continuación.

La represión de la sodomía vigente desde el siglo XIII cambió porque el concepto de sodomía que hasta entonces involucraba a todo el sexo no procreativo, se fue restringiendo al coito anal, con independencia del sexo de los intervinientes. Sin embargo, todavía no existía la idea de que había un tipo de personas asociadas a esta práctica, sino que la sodomía era vista como una tentación para cualquiera.

La construcción “científica” de la mujer como inferior al hombre.

La medicina antigua postulaba que las personas teníamos un sólo sexo, y que la diferencia radicaba en la disposición de las partes. Así lo fijó Galeno en el s. II DC. Las mujeres, por tener menos calor vital, tenían dentro del cuerpo, lo que los hombres tenían fuera, por ejemplo, la vagina era un pene interior, el útero equivalía al escroto, etc.  Asimismo, se creía que el goce femenino era indispensable para que se produjera la fecundación. Esta visión siguió vigente hasta el siglo XVII.

Esta igualdad de los órganos no impidió la desigualdad de derechos, etc. dado que una similar anatomía, se acompañó de una diferente fisiología. Se postuló que las mujeres tenían un temperamento más frío que los varones y por eso quedaron asociadas a seres inacabados e impotentes.

Desde fines del medioevo, lo que en la Antigüedad se había atribuido al útero, pasó a ser atribuido al demonio, pues al creer que las mujeres eran más vulnerables –como Eva-, las tuvieron por objetivo privilegiado de las fuerzas ocultas. La represión de las mujeres se ejerció mediante la caza de brujas, ejecutándolas por miles tras juicios inquisitoriales entre 1324 y 1787, fechas de la primera y última ejecución, respectivamente[ii]. Federici[iii] señala que el sometimiento creciente de las mujeres está en relación directa con las necesidades de repoblación europea para compensar los efectos de la peste negra y de la emigración a las colonias. En Francia e Inglaterra se estableció la obligatoriedad de declarar los embarazos, y en general, los estados europeos quebraron el monopolio del conocimiento que tenían las mujeres sobre la anticoncepción y los alumbramientos, llevando ese conocimiento a los médicos.

El siglo XVIII fue el del fin del Antiguo Régimen en Francia, donde la burguesía remplazó a la nobleza en el ejercicio del poder político. Inglaterra ya se regía entonces por una monarquía parlamentaria pues tras ejecutar a su rey en 1649, la restauración de la monarquía se realizó con ciertas condiciones. En ninguno de los dos estados esto se tradujo en sufragio universal. Aunque el derecho al voto de los hombres se fue ampliando a lo largo del siglo XIX, las mujeres quedaron excluidas, y sólo pudieron votar en Europa a partir del siglo XX[iv].

Pincha para leer el resto del ARTÍCULO

Introyección y discriminaciones (II):los fundamentos bíblicos y su integración en el mundo grecorromano

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

Los fundamentos bíblicos y su integración en el mundo grecorromano

Todos recordamos el relato del Génesis en que Eva ofrece la manzana a Adán. Y como Eva es construida a partir de la costilla de Adán porque “no es bueno que el hombre esté solo”, es decir, Eva es secundaria y está al servicio de Adán. Eva es más proclive al pecado que Adán. Cuando la Iglesia buscó un ejemplo alternativo para la mujer, lo encontró en María. Sin embargo, al ser su papel el de una madre que además es virgen, generó una polaridad demasiado profunda como para ser integrada de un modo satisfactorio, además de un ideal inalcanzable.

La discriminación de los negros se asienta en una historia de Noé, quien tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet, de los que el Génesis hace surgir todos los pueblos de la tierra, atribuyéndose a cada hijo el origen de los semitas, los africanos y los indoeuropeos. Un día Noé estaba dormido desnudo, y cuando los tres hijos lo vieron, procedieron de esta forma: Cam se burló de su padre, en tanto que Sem y Jafet, lo cubrieron con una manta. Al conocer Noé lo sucedido, echó una maldición sobre Cam, diciendo que todos sus descendientes estaban condenados a ser esclavos de los descendientes de sus hermanos.

Con respecto a las prácticas homosexuales, El Antiguo Testamento las condena primero en el Levítico cuando dice “no yacerás con varón como con mujer, es abominación”, y luego en el Nuevo, por San Pablo [i]. La historia de Sodoma y Gomorra fue interpretada primero como una condena a la inhospitalidad que mostraron sus habitantes hacia los ángeles enviados por Yahvé, así lo manifiesta el mismo Jesús. Fue mucho después cuando se sostuvo que la condena era por prácticas homosexuales de sus habitantes [ii].

Los escritos bíblicos se integraron al mundo grecorromano, originando una síntesis diferente en cada uno de nuestros tres casos.

Pincha para leer el resto del ARTÍCULO

VIHda

Tania Criado

Había calculado con tremendo margen de error el tiempo que necesito para llegar al hospital desde mi nuevo y —ansío esta vez— duradero trabajo, adelantándome en casi dos horas a la cita para la consulta y decidiendo esperar a Lucía tomando un café. Lucía siempre me acompaña a mis revisiones. De pequeño desarrollé un problemático mecanismo de defensa que hace que deje de prestar atención cuando un médico me explica qué me pasa. Aunque nuestro motivo realmente es que buscamos estar siempre juntos.

La reconocí de inmediato o, siendo preciso, reconocí el rostro más triste y ausente que mis ojos hayan captado. Estaba sola en una mesa, como sola estaba en las tres ocasiones que nos cruzamos con ella en la puerta del la Unidad. No me gusta importunar y menos en la cafetería de un hospital, pero la percibía tan desolada que mi instinto de protección me hizo reaccionar en contra de mi prudencia y de formalismos sociales. Aprovechando la ausencia de mesas libres me acerqué a la que ocupaba, preguntándole si podía sentarme. Me respondió con un leve asentimiento de cabeza tras intentar y no conseguir mirarme. Permanecimos un buen rato en absoluto silencio. Sus párpados caídos me permitieron observarla libre de disimulos y notar que en cada segundo transcurrido arrugaba más y más el ceño, contrayendo su rostro en una mueca de irremediable fatalismo y escondiéndose entre un complicado laberinto de brazos y piernas. Saqué dos caramelos de la mochila y le ofrecí uno que rechazó con mudos gestos y prácticamente sin mirarme. No importaba, pues mi propósito no era endulzarle la boca, sino entablar contacto. Volví a abrir la mochila y extraje mi portátil. Lo encendí, busqué un archivo y fijé mi atención en la pantalla como parte de mi estrategia de acercamiento. Pasados unos minutos considerablemente razonables alcé la vista y le solté a bocajarro, para pillarla por sorpresa y evitar que me mandara a hacer puñetas, «Soy fotógrafo y me harías un gran favor si me dieses tu opinión sobre una composición que me trae de cabeza». Objetivo alcanzado: atónita consintió y yo le pasé mi portátil, obligándola a desenmarañar sus rígidas extremidades. Permanecí callado hasta que me lo devolvió con un tímido «es bonito». Perfecto, el hielo estaba roto y ahora tocaban las presentaciones para dar paso a lo bien que había quedado la cafetería después de la reforma que tanta falta le hacía. Ante este último comentario su cuerpo se relajó bruscamente y rompió a llorar. Volví a abrir mi mochila y cogí un pañuelo de papel que le tendí y aceptó entre convulsiones, hipos y unas pupilas cargadas de más dolor que de lágrimas. Era la primera vez que yendo a una de sus revisiones alguien, al margen de la plantilla del centro, hablaba con Laura.

Pincha para leer el resto del ARTÍCULO