Artículos (17-18)

Introyección y discriminaciones (y V): la construcción «científica» de las discriminaciones

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes, siendo esta la última. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

La construcción “científica” de la inferioridad del negro

Al igual que en el caso de las mujeres, el discurso médico juega un papel esencial en esta inferiorización. El estudio de los negros, no se hizo en África, sino teniendo en cuenta los viajes intercontinentales y su vida en las Antillas, donde eran esclavizados principalmente en las plantaciones de caña de azúcar. Conviene recordar que para los plantadores, era mucho más barato comprar un esclavo que criarlo hasta que tuviera edad de trabajar, por lo que no hicieron nada por favorecer la reproducción en las islas, lo que se reflejó en la falta de miramientos con las embarazadas.

Muchos negros morían en los viajes por escorbuto. Los blancos se preguntaban por qué si iban en los barcos con los negros, no se contagiaban, pero esta enfermedad se debe a la mala alimentación, no es contagiosa. También podían morir de hambre y sed: llevar más avituallamientos reducía el espacio para transportar personas, por lo que las proporciones entre hombres y víveres eran siempre precarias para no aumentar el precio. Una vez llegados a las islas, el primer riesgo era el mal llamado “tributo”, que afectaba a todas las razas, y que al parecer, es una insolación.

Los médicos describieron unas enfermedades como propias de los negros, del mismo modo que habían escrito sobre “enfermedades de mujeres”. Atkins expuso que la “enfermedad del sueño” se debía a que los negros tenían inmaduras sus fibras nerviosas, como las mujeres y los niños, y como ellas, eran inferiores al hombre blanco. Otra enfermedad que consideraban típica de los negros era la pica o neuralgia del estómago, que llevaba al enfermo a comer carbón, tierra o ceniza, y lo empujaba a dejarse morir. Para evitarlo, se idearon unas máscaras con una lengua de hierro que
encajaba dentro de la boca e impedía tragar nada, llevando al paroxismo la evidencia de que el esclavo no controlaba ni su propio cuerpo. Otros médicos atribuyeron la pica a una sensibilidad excesiva ante la nostalgia del África, que los sumía en melancolía, recomendaban un período de adaptación al desembarcar, en que se les dejase cantar y bailar, aunque podía ocurrir que incluso con este tratamiento preventivo, la pica los afectase más adelante.

Los médicos también narraron la propensión de los esclavos a suicidarse como si fuera una debilidad de carácter. Incluso se intentó medicalizar la fuga, a la que en Louisiana se denominó drapetomanía, mal que impulsaba a los esclavos a huir. El libertinaje que se les atribuyó a los negros está en el origen del pián, una enfermedad venérea que afectaba principalmente a las mujeres. Los médicos decían que las mujeres blancas no padecían tantas enfermedades venéreas, y con esto, afirmaban que había más diferencia entre negras y blancas que entre esclavas y esclavos. En realidad, había muchos más esclavos que esclavas, pero todos desempeñaban las mismas tareas, con los mismos horarios y castigos, incluso si estaban embarazadas. Los blancos atestiguaron la facilidad de las esclavas negras para parir, su rápida recuperación, y se valieron de esto para alegar que eran como bestias, subrayando una supuesta inferioridad. A su vez, les atribuyeron a las negras un menor instinto maternal, que hacía morir a sus hijos, oponiéndolas a las europeas, que serían unas “esposas y madres ejemplares”.

Esto permitió poner a las mujeres blancas por encima de las negras. Todo esto nos permite observar como desde el poder médico se legitimaba la esclavitud, pese a que -desde otro ángulo- los hombres blancos padecían males que los esclavos sorteaban mejor, el principal, la fiebre amarilla. Los médicos lo atribuyeron a que el clima del Caribe era más adecuado al temperamento de los negros que al de los blancos, porque se parece más al africano. La medicina buscó en las enfermedades de los negros una coartada para alegar que ellos eran inferiores a los blancos. No obstante, ¿cómo mantenerlo cuando tenían tan distintas condiciones de vida? Lo hicieron aduciendo que un africano necesitaba un trabajo agotador, de la mañana a la noche y una alimentación rudimentaria de sólo una comida diaria: la esclavitud era el único régimen que permitía a los negros deportados mantenerse sanos y vigorosos: la prueba era que los perezosos se enfermaban más que los que no lo eran.

Una justificación médica de la colonización de África la dio el médico Cartwright, de Louisiana, al describir la “distesia” como la insuficiente purificación del dióxido de carbono en los pulmones de los negros, lo que sumado a su menor masa cerebral es “la verdadera causa de aquella disminución de la inteligencia que impide a los pueblos del África cuidarse ellos solos”.

Vemos nuevamente el efecto concurrente entre la medicina y la antropología física justificando la inferiorización de ciertos grupos al servicio del hombre blanco. En este otro campo, la ciencia decimonónica buscó en las mediciones esqueléticas justificar distintos grados de inteligencia, con el efecto de que justificaba así un menor grado de derechos. Samuel G. Morton, al llenar cráneos con granos de mostaza y con municiones, corroboró el prejuicio de que los blancos estaban en la cima de jerarquía, los amerindios en la mitad y los negros abajo, y dentro de los blancos, los germanos y anglosajones en la cúspide, los judíos en el medio y los hindúes en lo inferior.

Cuando las investigaciones no daban los resultados deseados, simplemente se desechaban. Por ejemplo, Kriz comenta el caso de Broca, quien buscando la relación entre la proporción de los huesos del brazo y el antebrazo argumentó: “me parece difícil seguir afirmando que el alargamiento del antebrazo sea una característica degenerada o inferior porque en este aspecto los europeos ocupan una posición intermedia entre los negros, por una parte, y los hotentotes, australianos y esquimales, por la otra.” Esto desnuda a las claras que las conclusiones precedían a la “investigación” y que sólo se buscaba justificar los prejuicios existentes.

La construcción “científica” de la homosexualidad y la homofobia

Puede parecer curioso observar que hasta entonces, en la historia de la humanidad no existía el concepto de “homosexual”. No se había construido una “especie” a partir de lo que hoy la define. Para llegar a la cristalización del concepto de “homosexual”, debemos tener presente la redefinición de la sodomía antes mencionada, y los cambios en la identidad masculina en el siglo XVIII. Se reinventó la virilidad mediante tres prohibiciones a los varones, de las lágrimas, de la ternura y del beso entre sí, que serán consideradas incompatibles con la fuerza como atributo del hombre, pese a que anteriormente no habían supuesto nada parecido. Por ejemplo, muchos seductores de mujeres habían sido afeminados hasta entonces.

A principios del siglo XVIII, aparecen en Londres los primeros clubs, llamados “molly houses”. “Molly” designaba a hombres que ya no podían llamarse sodomitas, pero tampoco eran todavía homosexuales (el término “homosexual” fue creado en 1869). En Francia, las crónicas policiales describían algunos cafés o clubs donde se reunían personas similares, que además señalaban que acudían a los jardines de las Tullerías para ligar entre sí. A partir de ese reconocimiento mutuo entre semejantes, se fue creando una identidad en transición a lo que será la homosexualidad en el siglo XX, que parece hacerse identificable desde fuera en Inglaterra y Francia ya desde el siglo XVIII34. En Francia, pederasta reemplazará desde 1730 a sodomita, lo que evidencia que la persecución está pasando desde el clero a la policía, que promueve el uso del nuevo término. Cuando el control pasó de la policía a la medicina, será cuando se generalicen los términos de “invertido” y “homosexual”.

Este nuevo sujeto “homosexual” tendrá un rango inferior al heterosexual en la jerarquía de las sexualidades que se creó por entonces. Los homosexuales son estudiables como grupo aunque sean muy distintos entre sí, en función de la estigmatización padecida y la respuesta dada. Se les atribuyeron unos rasgos físicos, unas tendencias y unos hábitos y se declaró que su conjunto constituía su “esencia”, con lo que conformaron una “raza” aparte, formada a base de afeminamiento, melancolía, potencial corruptor y frivolidad . Tardieu dirá que (al pederasta) “su misma morfología permite reconocerle. El estado de las nalgas, la relajación del esfínter, el ano en forma de embudo o bien la forma y dimensión del pene señalan la pertenencia a la nueva especie. Monstruo en la nueva galería de los monstruos, el pederasta tiene algo en común con el animal, en sus coitos evoca al perro”36. Otro autor, Friedrich, describió: “el homosexual activo está ordinariamente pálido e hinchado, persigue a muchachos jóvenes con mirada lasciva y los acaricia. Hombres con un pene delgado y pequeño son los que más se entregan a este vicio”. En el pasivo “el aspecto general revela cansancio y falta de energía. Todo el cuerpo está fláccido, las rodillas dobladas y el paso inseguro (…). Los rasgos faciales hundidos, la mirada apagada y sin vida; los huesos de la cara resaltan y los labios apenas parecen poder cubrir los dientes. (…) Las facultades psíquicas disminuyen paulatinamente, incluso hasta la imbecilidad”37. Más allá de lo irreal de estas descripciones, éstas revelan que los homosexuales fueron los objetos pasivos del conocimiento de quienes blandieron una supuesta “objetividad científica”.

Estos ejemplos permiten ilustrar como desde la “ciencia” se buscó legitimar la marginación de los homosexuales, relacionando su físico con sus deseos y prácticas sexuales en la creación de una nueva especie. Cuando las descripciones somáticas se volvieron discutibles, fueron complementadas por otras “anomalías psíquicas” que permitieron mantener la homosexualidad como una enfermedad, una perversión o una excentricidad durante décadas. Si la homosexualidad hubiera sido considerada siempre congénita, no hubiera podido ser penalizada. El alemán Ulrichs intentó
demostrarlo, sin éxito39. En esta relación dialéctica entre los partidarios de que las prácticas homosexuales no fueran penalizadas y los médicos, se fue definiendo el concepto de homosexualidad, pasando por los pasos intermedios al llamarla “instinto sexual contrario” primero, e “inversión sexual” después. El proceso no evitó la temida penalización en el norte de Europa, primero en Prusia y desde 1871, en toda Alemania, mientras que Gran Bretaña reforzó las penas en 1885. Los países del sur de Europa, persiguieron la manifestación de la homosexualidad, aunque no su práctica privada, cuya represión quedaba en los hechos en manos de los confesores. Aunque España incluyó la homosexualidad en el Código Penal de 1928, penalizando los “abusos deshonestos” o el “escándalo público” con penas más graves cuando fueran cometidas por personas del mismo sexo, fue como en otros países del sur de Europa, donde rigió el código napoleónico, y no se consideró un delito la homosexualidad en sí hasta la dictadura franquista.

Volvamos a la medicina. Antes mencionamos el papel de Krafft-Ebing, quien en su “Psychopatia Sexualis” había estructurado la sexología de la época victoriana. En esta colección de casos, los numerosos ejemplos de homosexualidad41 se vieron sesgados porque fueron investigados a partir de personas confinadas en los hospitales psiquiátricos y las prisiones. Más allá de lo pintoresco de sus descripciones, el autor apuntó a una teoría causal de la homosexualidad: “esta anomalía en la sensibilidad psicosexual puede denominarse clínicamente un signo funcional de degeneración”.

Sodomitas indios devorados por perros. Theodor de Bry

El autor presentó varios casos de “instinto sexual contrario adquirido”, a partir de la  masturbación en individuos “contaminados”. Diferenció los casos entre congénitos o adquiridos porque en los segundos había habido experiencias heterosexuales previas. Krafft-Ebing sostuvo que los homosexuales iniciaban su actividad sexual antes, sus sentimientos eran más intensos, su amor físico era más exagerado y exaltado, eran
proclives a la neurosis, la “neurastenia” y la locura.

Mondimore concluye que hizo un aporte duradero a la lista de estereotipos sobre la gente gay. Aunque otros médicos contemporáneos -como Albert Moll y Havelock Ellis- se explayaron sobre la inversión sexual en términos más moderados, sin aceptar la teoría de la degeneración ni los efectos atribuidos a la masturbación, la influencia más perdurable fue la de Krafft- Ebing. Tanto Ellis como Freud se opusieron a la criminalización y a los intentos de “curar” la homosexualidad. Algunos tratamientos ensayados fueron el trasplante de testículos de heterosexuales probados a homosexuales, administración de testosterona, extirpación quirúrgica del hipotálamo, descargas eléctricas, terapias aversivas suministrando sustancias vomitivas asociadas a la proyección de imágenes homosexuales. Ninguno logró el éxito, y el efecto de afirmar que la homosexualidad puede ser adquirida, y por lo tanto, abandonada si se lo desea, sigue pesando como coartada para tomar medidas contra las personas homosexuales en diversos estados del mundo. Hay acuerdo en creer que la orientación sexual puede evolucionar a lo largo de la vida, pero que ese cambio no está sujeto a la voluntad de nadie.

Las “terapias reparadoras”, propuestas por “Exodus internacional”, sostenían desde 1976 que la reorientación de la atracción hacia personas del mismo sexo era posible, disminuyendo las tentaciones homosexuales, fortaleciendo los sentidos de la identidad masculina y femenina y corrigiendo el modo de relacionarse con el sexo opuesto. Digo “sostenían” porque esta organización se autodisolvió a mediados de 2013 en una votación unánime de su junta directiva, pidiendo perdón por el daño ocasionado a las personas LGTB en sus 37 años de acción.

Epílogo

Las discriminaciones evolucionan. El esquema de la diferencia sexual estalló a partir del informe Kinsey, que dejó en evidencia que la idea de que sólo podía existir el sexo dentro del matrimonio con vistas a la procreación, aunque no se cuestionaba en público, era seguida por pocos. El informe mostró que los hombres viudos o sin pareja, mantenían actividad sexual regular, que la masturbación no era una excepción: 92% de hombres y 58% de las mujeres alcanzaban el orgasmo con ella46, también dejó claro que además de ser muchos más de lo que se pensaba, los homosexuales llevaban vidas corrientes, que el sexo oral estaba lejos de ser excepcional, entre muchas otras revelaciones que sorprendieron a la sociedad.

El aborto, autorizado en la Unión Soviética entre 1920 y 1936, y después de 1955, fue regulado sucesivamente por los países occidentales empezando por el Reino Unido en 1967 y USA en 1973. Sin embargo, más decisivo fue que en los años 50, los anticonceptivos permitieron que por primera vez hombres y mujeres estuvieran en igualdad de condiciones frente al acto sexual. Los combates librados a favor de la extensión de los derechos humanos tuvieron por resultado el fin de la segregación racial en los estados que la practicaban, con el notorio éxito de Sudáfrica.

La homosexualidad fue quitada del DSM por la APA en 1973, y de la CIE en 1990 por la OMS. Poco a poco se han dado pasos hacia la igualdad legal, por ejemplo, suprimiendo las leyes de represión de la sodomía en 2003 en USA, que aun penalizaban el coito anal en privado entre adultos consintientes. Un paso simbólico importante es la extensión del derecho al matrimonio a personas del mismo sexo en cada vez más estados.

Sin embargo, aun estamos lejos de conseguir que una vida humana valga lo mismo que otra, así como de que sea realidad que no haya personas condenadas a tener una vida breve o miserable por su nacionalidad, creencias, clase, raza, sexo y género. Comencé avanzando la idea de que las discriminaciones mencionadas favorecieron al varón, blanco y heterosexual, ya que lo situaron en la cúspide de una pirámide donde todos los demás estaban debajo. Sin embargo, creo que el beneficio de reconocernos como iguales y de relacionarnos como tales, es superior –incluso para el varón, blanco, heterosexual-, que la supuesta pérdida que eso le acarrearía. El beneficio se mide en términos de libertad. Quien discrimina se empobrece, huyendo de la experiencia del contacto mientras se recluye en la comodidad del prejuicio. La inferiorización del otro impide acercarse, aprender, y sobre todo, impide ser.

Los prejuicios existen, y el empobrecimiento del contacto que producen, sólo pueden solucionarse en la frontera de contacto. Desde ella y con el encuentro, tendremos un margen mayor para convertirnos en lo que somos, tal como postula la teoría paradójica del cambio. Quiero dar conciencia al peso que sufren quienes padecen discriminaciones cruzadas. Son esas personas quienes están en lo más bajo de la jerarquía. No es lo mismo ser gay que lesbiana, más aun, si pensamos en un gay blanco y una lesbiana negra, comprenderemos que la presión social es mucho mayor en el segundo caso y que la vida dentro y fuera del armario no pueden ser idénticas. Por añadidura, a estas categorías se le puede sumar el ser VIH+, lo que agrega una dificultad más que influye en la demora en la realización del test diagnóstico y empeora la calidad y la esperanza de vida de los afectados. Acudan o no a nuestra consulta, estas personas están en esta sociedad, en relación con nosotros y con nuestros pacientes.

Este es el final del artículo, para leer las anteriores partes, puedes clicar en el enlace más abajo que dice Introyección y Discriminaciones. ¡Esperamos que te haya sido útil! Aquí te dejamos el artículo completo en pdf:

Discriminaciones AETG – Mario Gatti

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