Introyección y discriminaciones (II):los fundamentos bíblicos y su integración en el mundo grecorromano

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

Los fundamentos bíblicos y su integración en el mundo grecorromano

Todos recordamos el relato del Génesis en que Eva ofrece la manzana a Adán. Y como Eva es construida a partir de la costilla de Adán porque “no es bueno que el hombre esté solo”, es decir, Eva es secundaria y está al servicio de Adán. Eva es más proclive al pecado que Adán. Cuando la Iglesia buscó un ejemplo alternativo para la mujer, lo encontró en María. Sin embargo, al ser su papel el de una madre que además es virgen, generó una polaridad demasiado profunda como para ser integrada de un modo satisfactorio, además de un ideal inalcanzable.

La discriminación de los negros se asienta en una historia de Noé, quien tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet, de los que el Génesis hace surgir todos los pueblos de la tierra, atribuyéndose a cada hijo el origen de los semitas, los africanos y los indoeuropeos. Un día Noé estaba dormido desnudo, y cuando los tres hijos lo vieron, procedieron de esta forma: Cam se burló de su padre, en tanto que Sem y Jafet, lo cubrieron con una manta. Al conocer Noé lo sucedido, echó una maldición sobre Cam, diciendo que todos sus descendientes estaban condenados a ser esclavos de los descendientes de sus hermanos.

Con respecto a las prácticas homosexuales, El Antiguo Testamento las condena primero en el Levítico cuando dice “no yacerás con varón como con mujer, es abominación”, y luego en el Nuevo, por San Pablo [i]. La historia de Sodoma y Gomorra fue interpretada primero como una condena a la inhospitalidad que mostraron sus habitantes hacia los ángeles enviados por Yahvé, así lo manifiesta el mismo Jesús. Fue mucho después cuando se sostuvo que la condena era por prácticas homosexuales de sus habitantes [ii].

Los escritos bíblicos se integraron al mundo grecorromano, originando una síntesis diferente en cada uno de nuestros tres casos.

Con respecto a la mujer, los griegos tenían planteamientos muy misóginos. Cuando Hesíodo contó el mito del origen de los atenienses, los hizo descender de un hombre –Erictonio-, nacido del dios Hefaistos, quien fecundó la tierra del Ática sin intervención femenina. Las mujeres llegaron luego, con Pandora, nacida de la arcilla, ancestro de todas ellas, portadora de la caja que trajo al mundo todos los males. Aunque esto era sólo el mito, al reflexionar sobre la población, dividieron a las personas libres en varones, mujeres y niños, limitando la ciudadanía y los derechos políticos a los primeros. La madre gobierna a sus hijos, pero sólo los hijos varones, al crecer, recibirán la razón. Se estructuró así una jerarquía en la que reconocían la humanidad de todos, pero atribuían a la mujer una imperfección mayor que al hombre. Para Aristóteles, en cada concepción, la mujer aportaba la materia y el hombre la forma, de ahí su superioridad, que se evidenciaba también en que la mujer tenía menos sangre en las venas y menos dientes, su caja craneal estaba menos soldada y era el único animal sujeto a menstruación. Aunque en el mundo romano la mujer tuvo un status más relevante que en el griego, cuando el cristianismo hizo su síntesis con el mundo pagano, la mujer mantuvo un rol secundario respecto al hombre.

Con respecto a la esclavitud, en el mundo grecorromano no estaba cuestionada, no había “abolicionistas” en la Antigüedad. Los esclavos provenían de diversas regiones, no tenían ninguna “raza” específica (por eso se los marcaba a fuego), y se reconoce que todos ellos comparten la misma humanidad que los griegos. Cuando Aristóteles se pregunta por qué un hombre es esclavo, la respuesta es que lo es por su nacimiento, que lo priva de la razón, ya que la puede percibir, pero no poseer por sí mismo. Por eso, es el cuerpo el que comanda su alma y lo obliga a ser una cosa de otro hombre, es incapaz de poseer nada, incluso de un nombre “propio”. Aristóteles usa este argumento para justificar que va en el propio bien del esclavo estar al servicio de un amo, y para rebatir la idea sofista que sostenía que cualquier prisionero de guerra (aunque fuese un hombre libre) podía ser esclavizado. Esto no impide a cualquier esclavo ser manumitido, y por ese acto, le son reconocidas todas las prerrogativas que acompañan al hecho de ser humano. En lo que hace a los africanos en sí, sabemos que los matrimonios entre blancos y negros no fueron cuestionados, y el propio Aristóteles, sostuvo que no hay ninguna diferencia específica entre el hombre blanco y el hombre negro[iii].

El medioevo cristiano fue construyendo el racismo orientado hacia los judíos, quienes fueron obligados a llevar distintivos desde el siglo XIII y fueron ejecutados o expulsados sucesivamente de los reinos occidentales. Se les endilgó descender del demonio y se los llegó a considerar como biológicamente distintos, atribuyéndoles unos rasgos físicos específicos. Al considerar su condición como algo hereditario que el bautismo no podía borrar, por eso debían probar su “limpieza de sangre”.

Dicho esto, la esclavitud continuó siendo una realidad en el mundo medieval cristiano y musulmán, cada uno se aprovisionaba haciendo “razzias” en las costas mediterráneas del otro. Había mercados de esclavos en las ciudades grandes del sur de Europa, se proveían con personas traídas desde el mundo eslavo no cristiano, y también de unos pocos negros, comprados o capturados por los musulmanes de África y revendidos en los mercados europeos del Mediterráneo. Las cosas cambiaron cuando los propios cristianos accedieron al litoral africano a mediados del siglo XV y empezaron a traficar negros desde África a Portugal, antes de la conquista de América.

En lo que hace a las consideraciones sobre las prácticas homosexuales, el enfoque judeocristiano entró en colisión con la realidad del mundo romano, que había adoptado la perspectiva más tolerante a las mismas, propia de los griegos. A medida que el Cristianismo se afianzó como religión del Imperio, se fueron dictando edictos en contra de quienes las mantenían. Se empezó por los que practicaban el rol pasivo en el coito, a quienes se mandó quemar vivas desde el 390. En el siglo VI, Justiniano generalizó la persecución a todos los hombres participantes, cualquiera fuera su rol. En paralelo a este proceso, los Padres de la Iglesia cambiaron la interpretación de la historia de Sodoma atribuyendo el castigo divino primero a la lujuria (San Jerónimo) y luego a que sus pobladores querían violar a los ángeles (San Agustín, San Gregorio). Después del año 1000 se fue afianzando la idea de que la sodomía era un pecado, pero importa destacar que bajo este nombre se incluía no sólo el coito anal, sino también la masturbación, solitaria o recíproca, y el coito entre las piernas. Debemos tener en cuenta además que este pecado también podía ser cometido por un hombre y una mujer o por dos hombres. La Iglesia lo combatió con la Inquisición desde el siglo XIII, pero al llegar la Edad Moderna, el castigo quedó en manos de los Estados, que la consideraron un delito, aunque mantuviese su categoría de pecado.

[i] Los párrafos citados son: Para Eva Génesis 1, 26-7 y 2, 21-5. Para el episodio de Noé y sus hijos Génesis 9, 20-27. Sobre prácticas homosexuales véase: Levítico 18,22 y 20,13. La historia de Sodoma y Gomorra está en Génesis 19, 1-28, y la opinión de Jesús sobre ese hecho negando cualquier interpretación sexual, en Mateo 10, 14-15 y Lucas 10, 10-12. Las cartas paulinas son Romanos 1, 26-27; 1 Corintios 6, 9-10 y 1 Timoteo 1, 8-10.

[ii] Sobre la influencia del cristianismo en la homofobia y todo lo referido a homosexualidad, véase la primera parte de mi tesina: “Homofobia y terapia Gestalt”, dirigida por Olga de Miguel Salazar. AETG. Valencia. 2010.

[iii] Aristóteles, “Metafísica” Libro Iota, 9.

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