Introyección y discriminaciones (I): La geometría variable de las discriminaciones

Mario Gatti es uno de nuestros voluntarios y también es terapeuta de la Gestalt. Comparte con vosotros este artículo que publicó en la Revista de Terapia Gestalt de España. En él, recorre la articulación transversal de estas discriminaciones a lo largo de la historia. Os lo presentamos resumido y por partes. ¡Esperamos que aprendáis tanto como nosotros!

Creo que racismo, machismo y homofobia están conectados entre sí no sólo por su común naturaleza discriminatoria, sino también por converger en la jerarquización social del varón, blanco, y heterosexual.

La geometría variable de las discriminaciones

Alarma que alguien estereotipe a las personas según el colectivo al que pertenecen, presuponiendo que tienen características inmutables, lo que se agrava si los inferioriza y excluye. Cuando alguien cree que “todas las mujeres” “todos los homosexuales”, “todos los negros”, “todos los gitanos”, “todos los x” son menos que otros por la fuerza de una naturaleza inalterable, y acto seguido los discrimina, incurre en prácticas racistas.

La supervivencia del racismo es llamativa, porque el individualismo moderno parecía augurar que cada persona sería juzgada por sus propios méritos y no en función de sus grupos de origen o pertenencia como era propio del Antiguo Régimen. Sin embargo, el racismo es visible desde el discurso y desde la acción. En los discursos, cuando sostienen que por nacer en una determinada cultura, sus miembros no pueden integrar nada de otras culturas. Paradójicamente, las mismas personas dicen también que si tuvieran que convivir con ellos, temerían que se disolviese su propia identidad. En los actos, el racismo puede estar presente en los criterios parentales a la hora de elegir el colegio del hijo, favoreciendo de hecho la segregación. O cuando ser mujer es un handicap en una empresa para determinados puestos. O cuando en una oferta de empleo alguien pasa las sucesivas cribas hasta llegar al momento de la entrevista y al constatar que quien aspira al puesto es transexual, se encuentra súbitamente una razón ajena a eso para ser descartado.

 

Esta hostilidad hacia el diferente se puede expresar en cuatro niveles: prejuicio, segregación, discriminación y violencia:

  • El prejuicio es la forma más elemental del racismo, que se basa en polarizar tanto la representación del grupo de pertenencia del otro con respecto al propio, que construye un estereotipo válido para justificar la discriminación. Puede expresarse en conductas o no.
  • La segregación, implica separar personas de distintas identidades en el espacio y es compatible con la explotación del grupo inferiorizado. En algunas sociedades rige la prohibición de que las mujeres estén en la vía pública sin la compañía de un familiar varón. Otra segregación es la de las capas superiores de la sociedad, por ejemplo, escolarizando sus hijos en colegios tan exclusivos que los aíslan de otros sectores de la sociedad.
  • La discriminación responde a una lógica de jerarquización, que pone de relieve algo del grupo maltratado para darle un tratamiento diferenciado. El grupo más extenso es el de las mujeres, discriminadas al recibir menor salario por el mismo trabajo que los hombres, al ver cerrado el acceso a cargos de mayor responsabilidad en razón de su sexo, etc. Las fronteras entre España y África tienen elementos (concertinas) que no habían existido en otras fronteras del reino, como enésimo obstáculo a los subsaharianos. Las ayudas que da la ley de violencia de género a las víctimas, no pueden ser percibidas en los casos en que esa violencia es intragénero, es decir que no hay auxilio para casos de violencia en parejas de lesbianas o gays. Algunos enfermos son discriminados cuando no se investiga una cura para su dolencia por no ser “rentable” porque es infrecuente o porque la padecen personas sin ingresos.
  • La violencia puede ser ejercida a nivel individual o social, en casos más graves puede transformarse en un problema político al punto de necesitar la acción del estado para contrarrestarla. Excepcionalmente, puede ser ejercida desde el propio estado. Los asesinatos de mujeres, cisexuales o transexuales, de minorías étnicas o religiosas, son cotidianos en distintas partes del mundo. La condena a muerte, latigazos, o a prisión por homosexualidad está vigente en más de 70 países. La violencia lleva al ocultamiento, lo que dificulta aun más la integración, todo se agrava con la culpabilización de las víctimas por parte de los victimarios.

Aquí tenéis también a Mario hablando de esto en una conferencia en Crismhóm, en la que nombra algunos de los temas de los que habla el artículo. 

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